El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Cuatro diputados se dirigieron al campo del rey a implorar su clemencia en nombre de una república que seis meses antes se creía árbitro de reyes. Los diputados no fueron recibidos por los ministros de Luis XIV con esa cortesía[78] francesa, en que se mezcla la dulzura de la civilidad a los rigores del gobierno. Louvois, duro y altanero, nacido más para servir bien que para hacer apreciar a su soberano, recibió a los suplicantes con arrogancia, y hasta con el insulto de la burla. Fueron obligados a
volver varias veces. Por último, el rey les manifestó cuál era su voluntad: quería que los Estados le cediesen todo lo que poseían allende el Rin, Nimega, ciudades y fuertes en el interior de su país; que le pagaran veinte millones; que los franceses fueran los amos de todos los grandes caminos de Holanda, por tierra y por agua, sin abonar jamás ningún derecho; que la religión católica fuera restablecida en todas partes; que la república le mandara todos los años una embajada extraordinaria con un medalla de oro, sobre la cual estuviera grabado que tenían su libertad de Luis XIV; además, que a esas satisfacciones uniesen las debidas al rey de Inglaterra y a los príncipes del Imperio, tales como los de Colonia y Múnster, que todavía asolaban Holanda.