El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Jamás corte alguna supo acomodarse mejor a los hombres y a los tiempos. Los papas son casi siempre italianos envejecidos en los negocios, sin pasiones que los cieguen; constituyen su consejo cardenales que se les asemejan, y animados todos por el mismo espíritu. Del consejo emanan órdenes que van hasta la China y hasta América: en ese sentido abarca el universo, y algunas veces ha podido decirse de él lo que dijo en otro tiempo un extranjero del senado de Roma: “He visto un consistorio de reyes.” La mayor parte de nuestros escritores se rebelaron con razón contra la ambición de esa corte, pero no he visto jamás que se haya hecho bastante justicia a su prudencia. No creo que otra nación hubiese podido conservar durante tanto tiempo en Europa un número tan grande de prerrogativas constantemente combatidas: cualquiera otra corte las hubiera perdido quizá, por su soberbia o por su blandura, por su lentitud o por su vivacidad; pero Roma, empleando casi siempre, deliberadamente, la firmeza y la flexibilidad, conservó todo lo que humanamente pudo conservar. Se la vio humilde durante el reinado de Carlos V, terrible con el rey de Francia Enrique III, ya enemiga, ya amiga de Enrique IV, hábil con Luis XIII, opuesta abiertamente a Luis XIV mientras fue temible, y frecuentemente enemiga secreta de los emperadores, de los cuales desconfiaba más que del sultán de los turcos.[9]