El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El espíritu ilustrado que reina en Francia desde hace un siglo y que se ha extendido a casi todas las condiciones, ha sido el mejor remedio puesto a este abuso. Los buenos libros escritos sobre la materia son verdaderos servicios prestados a los reyes y a los pueblos; y uno de los grandes cambios realizados mediante ellos en nuestras costumbres durante el reinado de Luis XIV, es el de que todos los religiosos comienzan a convencerse de que son súbditos del rey antes que servidores del papa. El pontífice romano conserva todavía la jurisdicción, ese distintivo esencial de la soberanía. Inclusive Francia, a pesar de las libertades de la Iglesia galicana, tolera que se apele al papa en última instancia en algunas causas eclesiásticas[8].
Si se quiere disolver un matrimonio, desposar la sobrina o la prima, hacerse relevar de sus votos, es también a Roma y no a su obispo a quien uno debe dirigirse; las gracias están tasadas, y los particulares de todos los estados compran dispensas a cualquier precio.
Esas ventajas, consideradas por muchas personas como la consecuencia de los mayores abusos, y por otras como restos de los más sagrados derechos, son conservadas con arte. Roma administra su crédito con la misma habilidad política que la república romana desplegó para conquistar la mitad del mundo conocido.