El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV En fin, el papa ha conservado, en todos los estados católicos, prerrogativas que indudablemente no hubiera obtenido si el tiempo no se las hubiera dado. No hay reino que no le conceda numerosos privilegios al ser elegido; recibe como tributo las rentas del primer año de los beneficios consistoriales.
Los religiosos, cuyos jefes residen en Roma, son otros tantos súbditos inmediatos del papa, diseminados por todos los estados. La costumbre, que todo lo puede, y es causa de que al mundo lo gobiernen tanto los abusos como las leyes, no siempre permitió a los príncipes remediar totalmente un peligro que, por otra parte, atañe a cosas consideradas sagradas. Prestar juramento a otro que no sea su soberano es crimen de lesa majestad si lo hace un laico, pero si se hace en el claustro es un acto de religión. La dificultad de saber hasta qué punto debe obedecerse a ese soberano extranjero, lo fácil que es dejarse seducir, el placer de sacudir un yugo natural para tomar otro escogido por uno mismo, el espíritu anárquico, la desgracia de los tiempos, han llevado con demasiada frecuencia a órdenes enteras de religiosos a servir a Roma contra su patria.