El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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El príncipe de Orange equipó una flota en la cual irían catorce o quince mil hombres. Este príncipe no era más que un particular ilustre, que gozaba apenas de quinientos mil florines de renta; pero con su acertada política se había ganado el dinero, la flota y la voluntad de los estados generales. Era un verdadero rey de Holanda por su conducta hábil, y Jacobo cesaba de serlo en Inglaterra por su precipitación. Se dijo primero que ese armamento estaba destinado contra Francia. El secreto fué guardado por más de doscientas personas. Barillon, embajador de Francia en Londres, hombre dado a los placeres, más informado de las intrigas amorosas de Jacobo que de las de Europa, fué el primero en ser engañado. Luis XIV no se engañó y ofreció socorros a su aliado, que los rehusó primero confiadamente y los pidió después cuando ya no era tiempo, y la flota del príncipe, su yerno, se había hecho a la vela. Todo le falló a la vez, como él mismo había fallado (octubre de 1688). En vano le escribió al emperador Leopoldo, que le respondió: “No os sucede más lo que os pronosticamos.” Contaba con su flota, pero sus barcos dejaron pasar los del enemigo. Podía, al menos, defenderse en tierra, pues tenía un ejército de veinte mil hombres y si los hubiera llevado al combate, sin darles tiempo para reflexionar, probablemente habrían combatido; pero les dio tiempo para que se decidieran. Varios generales lo abandonaron, entre otros el famoso Churchill, tan fatal después a Luis como a Jacobo, y tan ilustre con el nombre de duque de Marlborough. Era el favorito de Jacobo, su protegido, hermano de su amante, teniente general en su ejército, no obstante lo cual lo abandonó y se pasó al campo del príncipe de Orange. El príncipe de Dinamarca, yerno de Jacobo, y hasta su propia hija, la princesa Ana, lo abandonaron.


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