El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Las disposiciones de Inglaterra y de Holanda para poner, de ser posible, en el trono de España al archiduque Carlos, hijo del emperador, o por lo menos, para resistir a los Borbones, merecen, tal vez, la atención de todos los siglos. Holanda debía, por su parte, mantener ciento dos mil hombres de tropa, bien en las guarniciones, o en campaña. La vasta monarquía española distaba mucho de poder suministrar otro tanto en esta coyuntura. Una provincia de mercaderes subyugada casi por completo en dos meses, treinta años antes, podía más entonces que los soberanos de España, de Nápoles, de Flandes, de Perú y de México. Inglaterra prometía cuarenta mil hombres, sin contar sus flotas. En todas las alianzas sucede que, a la larga, se contribuye con mucho menos de lo prometido. Inglaterra, por el contrario, dio cincuenta mil hombres en el segundo año, en vez de cuarenta mil, y hacia el final de la guerra mantuvo, tanto de sus tropas como de las aliadas, en las fronteras de Francia, en España, en Italia, en Irlanda, en América y en sus flotas, cerca de doscientos mil soldados y marineros combatientes; gasto casi increíble para quien piense que Inglaterra propiamente dicha no es sino un tercio de Francia, y que no tenía ni la mitad del dinero amonedado que tenía Francia, pero verosímil a los ojos de los que conocen el poder del comercio y del crédito. Los ingleses cargaron siempre con el fardo más pesado de esta alianza. Los holandeses aliviaron sensiblemente el suyo; porque, después de todo, la república de los Estados generales no es más que una ilustre compañía de comercio, e Inglaterra es un país fértil, lleno de negociantes y de guerreros.


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