El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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El emperador debía suministrar noventa mil hombres, sin contar los socorros del Imperio y de los aliados que esperaba separar de la casa de Borbón. Entretanto, el nieto de Luis XIV reinaba ya pacíficamente en Madrid; y Luis, a comienzos del siglo, se hallaba en la cumbre de su poder y de su gloria; pero los que conocían los resortes de las cortes de Europa y, sobre todo, los de la de Francia, empezaban a temer algunos reveses. España, debilitada durante el reinado de los últimos reyes de la sangre de Carlos V, lo estaba más todavía en los primeros días del reinado de un Borbón. La casa de Austria tenía partidarios en más de una provincia de esa monarquía. Cataluña parecía dispuesta a sacudir el nuevo yugo y a entregarse al archiduque Carlos. Era imposible que Portugal no se colocara, tarde o temprano, del lado de la casa de Austria. Evidentemente, le interesaba atizar entre los españoles, sus enemigos naturales, una guerra civil de la cual Lisboa sólo obtendría provecho. El duque de Saboya, que acababa de convertirse en suegro del nuevo rey de España y que estaba ligado a los Borbones por el parentesco y los tratados, parecía estar ya descontento de sus yernos. Cincuenta mil escudos por mes, elevados más tarde hasta doscientos mil francos, no parecían ser una ventaja lo bastante grande para retenerlo en su partido. No se conformaba con menos del Montferrate —mantuano y una parte del Milanesado. Las altanerías que sufría de los generales franceses y del ministerio de Versalles le hacían temer, con razón, que pronto sus dos yernos no lo tendrían en cuenta para nada, pues tenían sus estados cercados por todos lados.[161] Ya había abandonado bruscamente el partido del Imperio por Francia. Era probable que, en vista de la poca consideración que Francia le tenía, se apartaría de ella en la primera ocasión.


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