El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Durante el ministerio de Chamillart se prodigaron las dignidades y las recompensas militares. Se dio permiso a jovencitos que apenas salían de la infancia de comprar regimientos, mientras que, entre los enemigos, un regimiento era el precio de veinte años de servicios. Más tarde, esta diferencia se hizo muy sensible en más de una ocasión, en la que un coronel experimentado hubiera podido impedir una derrota. La cruz de caballero de San Luis, recompensa creada por el rey en 1693, que ponía la emulación entre los oficiales, se vendió desde el comienzo del ministerio de Chamillart. Se compraba por cincuenta escudos en el ministerio de guerra. La disciplina militar —alma del servicio—, tan rígidamente mantenida por Louvois, cayó en un relajamiento funesto: ni se completó el número de soldados en las compañías, ni el de los oficiales en los regimientos. La facilidad de entenderse con los com isa rios y la falta de atención del ministro producían ese desorden. De ahí surgía un inconveniente que debía, en igualdad de circunstancias, determinar que se perdieran inevitablemente las batallas. Porque, para tener un frente tan extenso como el del enemigo, era necesario oponer batallones débiles a batallones bien nutridos. Los almacenes no volvieron a ser lo suficientemente grandes ni estuvieron listos a tiempo. Las armas ya no fueron de un temple excelente. Quienes, pues, veían estos defectos del gobierno y sabían con qué generales tenía que habérselas Francia, temieron por ella, aun en medio de las primeras victorias que hacían prometer una prosperidad mayor que nunca.[165]