El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El primer general que contrapesó la superioridad de Francia fué un francés; puesto que se debe dar este nombre al príncipe Eugenio, aunque fuese nieto de Carlos Manuel, duque de Saboya. Su padre, el conde de Soissons, establecido en Francia, teniente general de los ejércitos y gobernador de Champaña, se había casado con Olimpia Mancini, una de las sobrinas del cardenal Mazarino. (18 de octubre de 1663) De este matrimonio, desgraciado por otra parte, nació en París ese príncipe, tan peligroso después para Luis XIV y tan poco conocido por el en su juventud. Al principio, se le llamó en Francia el caballero de Carignan. Después, al hacerse eclesiástico, se le llamó el abate de Saboya. Se afirma que le pidió un regimiento al rey y pasó por la mortificación de una negativa acompañada de reproches. Al fracasar su gestión ante Luis XIV, fue a servir al emperador contra los turcos en el año 1683. Los dos príncipes de Conti se reunieron con el en 1685. El rey ordenó regresar a los príncipes de Conti y a todos sus acompañantes; el único que no obedeció fué el abate de Saboya,[166] que ya había declarado que renunciaba a Francia. El rey, cuando lo supo, dijo a sus cortesanos: “¿No creéis que he sufrido una gran pérdida?” Y los cortesanos asegu raron que el abate de Saboya no dejaría de ser nunca un espíritu desordenado, un hombre incapaz de todo. Se lo juzgaba por algunos arrebatos de juventud, por los que no se debe juzgar nunca a los hombres. Ese príncipe, extremadamente despreciado en la corte de Francia, había nacido con las cualidades que hacen a un héroe en la guerra y a un gran hombre en la paz; era un espíritu pleno de rigor y de altivez, que tenía el valor necesario en los ejércitos y en el gabinete. Cometió errores como todos los generales, pero han quedado ocultos bajo sus muchas grandes acciones. Debilitó la grandeza de Luis XIV y el poder otomano, gobernó el Imperio; y en el curso de sus victorias y de su ministerio-despreció igualmente el fausto y las riquezas. También cultivó las letras y las protegió tanto como era posible en la corte de Viena.[167] A los treinta y siete años de edad tenía la experiencia de sus victorias obtenidas contra los turcos y de los errores cometidos por los imperiales en las últimas guerras, en las que había servido contra Francia.