El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Fue a Italia a darle órdenes al mariscal de Catinat y disgustos al duque de Saboya. Hacía pensar que creía, en efecto, que un favorito de Luis XIV, a la cabeza de un ejército poderoso, estaba muy por encima de un príncipe: lo llamaba Mons de Saboya, y lo trataba como a un general a sueldo de Francia y no como a un soberano, dueño de las barreras puestas por la naturaleza entre Francia e Italia. No se trató de conservar la amistad de este soberano tanto como era necesario. La corte pensó que el temor sería el único lazo capaz de retenerlo, y que un ejército francés, que incesantemente rodeaba a cerca de seis a siete mil soldados piamonteses, respondería de su fidelidad. El mariscal de Villeroi lo trató de igual a igual en el trato ordinario y como su superior en el mando. El duque de Saboya tenía el vano título de generalísimo; pero el mariscal de Villeroi lo era. Ordenó, primero, que se atacara al príncipe Eugenio en la posición de Chiari, cerca del río Oglio. (ii de septiembre[169] de 1701) Los oficiales generales juzgaban que iba contra todas las reglas de la guerra el atacar ese puesto, por razones fundamentales: porque no tendría consecuencia alguna y porque las trincheras eran inaccesibles; porque no se ganaba con tomarla, y, en cambio, si se fracasaba, se perdería la gloria de la campaña. Villeroi le dijo al duque de Saboya que era necesario ponerse en marcha y envió un ayudante de campo para que ordenara de su parte al mariscal de Catinat que atacara. Catinat se hizo repetir la orden tres veces, luego se volvió hacia los oficiales que estaban a sus Ordenes,y dijo: “Vamos, pues, señores, es preciso obedecer.” Marcharon hacia las trincheras. El duque de Saboya, al frente de sus tropas, combatió como si hubiera estado contento de Francia. Catinat trató de hacerse matar; resultó herido, pero herido y todo, y viendo a las tropas del rey rechazadas y al mariscal de Villeroi que no daba órdenes, efectuó la retirada; después abandonó el ejército y se dirigió a Versalles a rendir cuenta de su conducta al rey, sin quejarse de nadie.[170]