El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El mariscal de Marsin, herido en el muslo, es hecho prisionero; un cirujano del duque de Saboya le cortó la pierna, y el mariscal murió momentos después de la operación. El caballero de Methuin, embajador de Inglaterra ante el duque de Saboya, el más generoso, el más franco y el hombre más bueno de su país que haya ocupado jamás una embajada, había combatido constantemente al lado de este soberano. Vió tomar prisionero al mariscal de Marsin y fué testigo de sus últimos momentos. Me ha contado que Marsin le dijo estas palabras: “Creed por lo menos, señor, que contra mi opinión esperamos en nuestras líneas.” Estas palabras parecían contradecir formalmente lo ocurrido en el consejo de guerra y, sin embargo, eran ciertas, porque el mariscal de Marsin, al despedirse en Versalles, le había manifestado al rey la necesidad de ir al encuentro de los enemigos, en el caso de que aparecieran para socorrer Turín; pero Chamillart, intimidado por las derrotas anteriores, hizo decidir que debía esperarse y no presentar batalla; y esta orden dada en Versalles fué causa de que sesenta mil hombres fueran dispersados. Los franceses no tuvieron más que dos mil muertos en combate; pero ya hemos visto que la matanza hace menos que la consternación. La imposibilidad de subsistir, que haría que un ejército se retirara después de la victoria, llevó hacia el Delfinado las tropas después de la derrota. Todo estaba en tal desorden, que el conde de Médavi-Grancei, que se encontraba entonces en el Mantuano con un cuerpo de tropas (9 de septiembre de 1706) y que derrotó en Castiglione a los imperiales mandados por el landgrave de Hesse, después rey de Suecia, sólo obtuvo una victoria inútil, aunque completa. Se perdió en poco tiempo el Milanesado, el Mantuano, el Piamonte y, por último, el reino de Nápoles.