El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Los aliados quisieron todavía gozar del placer de discutir las proposiciones de Luis XIV y permitieron a sus plenipotenciarios ir, a comienzos de 1710, a llevar a la pequeña ciudad de Gertruidenberg las súplicas del monarca[205] El rey eligió al mariscal de Uxelles, hombre frío, taciturno, de un espíritu más prudente que altanero y audaz; y al abate —después cardenal— de Pol ignac, uno de los más bellos y elocuentes espíritus de su siglo, que imponía por su figura y por sus dotes. El espíritu, la prudencia, la elocuencia de los ministros no son nada cuando el príncipe no es afortunado. Son las victorias las que hacen los tratados. Los embajadores de Luis XIV fueron más bien confinados que admitidos en Gertruidenberg; los diputados iban a escuchar sus ofrecimientos y los llevaban a La Haya al príncipe Eugenio, al duque de Marlborough, al conde de Zinzendorf, embajador del emperador; y esos ofrecimientos eran siempre recibidos con desprecio. Se mofaban de ellos en libelos ultrajantes, escritos todos por refugiados franceses que se habían vuelto más enemigos de la gloria de Luis XIV que Marlborough y Eugenio.






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