El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Es cosa muy notable que Francia, en todos sus tratados con los emperadores, haya protegido siempre los derechos de los prÃncipes y de los estados del Imperio. Puso los fundamentos de la libertad germánica en Múnster e hizo constituir un octavo electorado para esa misma casa de Baviera. El tratado de Nimega confirmó el de Westfalia. Francia hizo devolver, por el tratado de Ryswick, todos los bienes del cardenal de Furstemberg, y, finalmente, por la paz de Utrecht repuso dos electores. Hay que confesar que en toda la negociación que terminó esta larga querella, Inglaterra le dictó la ley a Francia, y ésta se la impuso al Imperio.
Las memorias históricas de ese tiempo, con las que se han formado las compilaciones de tantas historias de Luis XIV, dicen que el prÃncipe Eugenio, al terminar las conferencias, le rogó al duque de Villars que abrazara en su nombre las rodillas de Luis XIV, y le presentara al monarca las seguridades del más profundo respeto de un súbdito a su soberano. En primer lugar, no es verdad que un prÃncipe, nieto de un rey, sea súbdito de otro prÃncipe, por haber nacido en sus estados. En segundo lugar, es todavÃa menos cierto que el prÃncipe Eugenio, vicario general del Imperio, pudiera decirse súbdito del rey de Francia.