El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El rey, que había hecho todos sus viajes de guerra a caballo, hizo éste, por vez primera, en una carroza con cristales; las sillas de posta no se habían inventado aún. La reina, Madame, su cuñada, la marquesa de Montespan, iban en esa soberbia comitiva, seguida de muchas otras; cuando madame de Montespan iba sola tenía cuatro guardias de corps a las portezuelas de su carroza. Luego llegó el delfín con su corte, y Mademoiselle con la suya: esto ocurría antes de la fatal aventura de su enlace, y gozaba en paz de todos estos triunfos, viendo complacida a su prometido, favorito del rey, al frente de su compañía de guardias. Hacían traer a las ciudades en que dormían los más hermosos muebles de la corona. En cada ciudad se encontraban con un baile de máscaras o de fantasía, o con fuegos artificiales. Todo el cuarto militar acompañaba al rey, y toda la casa de servicio lo precedía o seguía. Las mesas se servían como en Saint-Germain. La corte visitó con esta pompa todas las ciudades conquistadas, y las principales damas de Bruselas y de Gante acudían a ver tanta magnificencia. El rey las invitaba a su mesa y les hacía presentes plenos de galantería. Todos los oficiales de las tropas de guarnición recibían gratificaciones. Más de una vez se gastaron, en un solo día, mil quinientos luises de oro, en obsequios.