El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Tampoco es cierto que le haya escrito al duque de La Rochefoucauld: “Os felicito, como amigo, por el cargo de gran maestre del guardarropa, que os doy como rey.” Los historiadores lo elogian por esta carta. Es no darse cuenta de lo poco delicado, y hasta ofensivo, que resulta decir a aquél de quien se es soberano que se es su soberano. Estas palabras estarían en su lugar si se le escribieran a un súbdito que se hubiera rebelado: Enrique IV hubiera podido decírselas al duque de Mayena antes de su completa reconciliación. El secretario de gabinete, Rose, escribió esa carta y el rey tenía demasiado buen gusto para enviarla. Por ese buen gusto, hizo suprimir las pomposas inscripciones con las que Charpentier, de la Academia francesa, recargó los cuadros de Lebrun, en la_ galería de Versalles: El increíble paso del Rin, la mara villosa toma de Valenciennes, etc. Se dió cuenta de que La toma de Valenciennes, el paso del Rita, decían mucho más. Charpentier estuvo acertado al adornar con inscripciones en nuestra lengua los monumentos de su patria; sólo la adulación perjudicó su ejecución.
Se han recogido algunas respuestas, algunas palabras de este príncipe, que se reducen a muy poca cosa. Se afirma que cuando quiso abolir en Francia el calvinismo, dijo: “Mi abuelo no quería a los hugonotes y no los temía; mi padre no los quería, y los temía; yo no los quiero ni los temo.”