El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Pero los ciudadanos de París y todo lo que dependía de la toga, veían en el parlamento un cuerpo augusto, que hacía justicia con una integridad respetable, que sólo deseaba el bien del estado y lo deseaba hasta comprometer su fortuna; que limitaba su ambición a la gloria de reprimir la ambición de los favoritos y que sabía mantenerse firme entre el rey y el pueblo; y, sin examinar el origen de sus derechos y de su poder, se le suponían los derechos más sagrados y el poder más incontestable: cuando se lo veía defender la causa del pueblo contra ministros odiados se lo llamaba el padre del estado; y apenas se distinguía entre el derecho que da la corona a los reyes y el que daba al parlamento el poder de moderar la voluntad de los reyes.
Entre esos dos extremos era imposible hallar un justo medio; porque, a fin de cuentas, la ocasión y el tiempo eran las únicas leyes indiscutidas. Con un gobierno fuerte el parlamento no era nada: lo era todo con un rey débil; y podía aplicársele lo dicho por M. de Guémené, cuando el cuerpo se quejó, durante el reinado de Luis XIII, de haber sido precedido por los diputados de la nobleza: “Señores, tomaréis la revancha durante la minoridad.”