El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV No queremos repetir aquí todo lo escrito sobre esos desórdenes y copiar de los libros para poner ante los ojos infinidad de detalles entonces tan preciados e importantes y hoy casi olvidados; sino que se debe expresar lo que caracteriza el espíritu de la nación, hablar menos de lo que es común a todas las guerras civiles y más de lo que distingue a la de la Fronda.
Establecidos entre los hombres únicamente dos poderes para el mantenimiento de la paz y habiendo iniciado la rebelión un arzobispo y un parlamento de París, el pueblo creyó justificados todos esos arrebatos. La reina no podía aparecer en público sin ser injuriada, se la llamaba Señora Ana a secas; y si se agregaba algún título era de oprobio. El pueblo le reprochaba con furor sacrificar el estado a su amistad con Mazarino; lo más insoportable era que oía por todas partes esas canciones y vaudevilles, monumentos de mofa y malignidad hechos como para eternizar las dudas que se tenían acerca de su virtud. Madame de Motteville dice con su noble y sincera ingenuidad: “esas insolencias horrorizaban a la reina, y los parisienses equivocados le inspiraban piedad”.
(6 de enero de 1649) La reina huyó de París con sus hijos, su ministro, el duque de Orléans, hermano de Luis XIII, el gran Condé, y se dirigió a Saint-Germain donde casi toda la corte durmió sobre la paja. Fue necesario dar en prenda a los usureros las pedrerías de la corona.[34]