El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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La reina, con lágrimas en los ojos, instó al príncipe de Condé para que se convirtiera en el protector del rey. El vencedor de Rocroi, de Friburgo, de Lens y de Nordlingen no desmintió sus muchos servicios anteriores: se sintió halagado por el honor de defender una corte, que creía ingrata, contra la Fronda que buscaba su apoyo. El parlamento tuvo, pues, que combatir al gran Condé y se atrevió a sostener la guerra.

El príncipe de Conti, hermano del gran Condé, tan celoso de su hermano mayor como incapaz de igualarlo; el duque de Longueville, el duque de Beaufort, el duque de Bouillon, animados por el espíritu inquieto del coadjutor y ávidos de novedades, jactándose de levantar su grandeza sobre las ruinas del estado y de hacer servir a sus designios particulares los movimientos ciegos del parlamento, fueron a ofrecerle sus servicios. Se nombraron, en la gran cá mara, los generales de un ejército inexistente. Todos se impusieron la tarea de reclutar tropas. Había veinte consejeros provistos de cargos nuevos creados por el cardenal de Richelieu. Sus cofrades, por una pequeñez de espíritu a la que toda sociedad es susceptible, parecían perseguir en ellos la memoria de Richelieu; los abrumaban a disgustos y no los miraban como miembros del parlamento: cada uno debió donar quince mil libras para gastos de guerra y para comprar la tolerancia de los cofrades.


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