El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Al perfeccionarse la industria en las ciudades, aumentó en el campo. Siempre se elevarán quejas por la suerte de los agricultores; se las oye en todos los países del mundo, y son, en casi todas partes, murmuraciones de los ociosos opulentos, que condenan al gobierno más de lo que compadecen a las gentes. Es cierto que casi en todos los países, si los que pasan sus días en los trabajos rústicos tuvieran la libertad de murmurar, protestarían contra las exacciones que les quitan una parte de su ganancia. Ana tematizarían la obligación de pagar tasas que no se han impuesto, y de llevar el fardo del Estado sin participar de las ventajas de los demás ciudadanos. No le incumbe a la historia examinar cómo debe contribuir el pueblo sin ser oprimido, y señalar el límite, preciso, tan difícil de encontrar, entre la ejecución de las leyes y el abuso de las leyes, entre los impuestos y las rapiñas; pero sí debe la historia poner de manifiesto la imposibilidad de que una ciudad sea floreciente sin que los campos del contorno disfruten de la abundancia; porque son, evidentemente, esos campos los que la nutren. Se oye, en días fijos, en todas las ciudades de Francia, los reproches de aquellos a quienes su profesión permite declamar en público contra las diferentes ramas de consumo, a las que se les da el nombre de lujo. Es evidente que lo que alimenta ese lujo es suministrado por el trabajo industrioso de los agricultores, trabajo que se hace pagar caro.