El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Todos esos grandes hombres fueron conocidos y protegidos por Luis XIV, excepto La Fontaine. Su extrema sencillez, llevada hasta el abandono de sí mismo, lo apartaba de una corte que, por otra parte, no buscaba; pero el duque de Borgoña lo acogió, y recibió en su vejez algunos beneficios de este príncipe. A pesar de su genio, era casi tan sencillo como los héroes de sus fábulas. Un sacerdote del Oratorio, llamado Pouget, tuvo a mérito haber tratado a este hombre de costumbres tan inocentes, como si hubiera hablado a la Brinvilliers y a La Voisin. Sus cuentos son como los de Pogge, de Ariosto o de la reina de Navarra. Si la voluptuosidad es peligrosa, no son las bromas las que inspiran esta voluptuosidad. Podría aplicarse a La Fontaine su amable fábula de los Animales enfermos de peste, que se acusan de sus faltas: en ella se le perdona todo a los leones, a los lobos y a los osos, y un animal inocente es sacrificado por haber comido un poco de hierba.
En la escuela de esos genios, que deleitarán e ilustrarán a los siglos venideros, se formó una multitud de espíritus agradables, que nos han dejado infinidad de obritas delicadas con las que se entretienen las personas honestas, de la misma manera que hemos tenido muchos pintores graciosos que no pueden ponerse a la altura de los Poussin, los Lesueur, los Lebrun, los Lemoin y los Vanloo.