El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Un obispo, un intendente, un sub-delegado, o un cura, o alguien que estuviera autorizado, marchaba al frente de los soldados. Se reunía a las principales familias calvinistas, sobre todo a las que se creían más fáciles de persuadir. Éstas renunciaban a su religión en nombre de las demás, y los obstinados eran entregados a los soldados, que cometieron con ellos toda clase de excesos, excepto el de matarlos. Sin embargo, hubo muchas personas tan cruelmente maltratadas que murieron a causa de ello. Los hijos de los refugiados en los países extranjeros claman todavía contra esa persecución desencadenada contra sus padres, comparándola con las más violentas que la Iglesia padeció en los primeros tiempos.
Era una extraña paradoja que del seno de una corte voluptuosa en la que reinaban la dulzura de las costumbres, las gracias y los encantos de la sociedad, partieran órdenes tan duras y tan despiadadas. El marqués de Louvois puso en este asunto la inflexibilidad de su carácter; mostró en su actuación la misma índole moral con que había pretendido sumergir a Holanda bajo las aguas, y que, después, redujo el Palatinado a cenizas. Se conservan todavía cartas de su puño y letra, escritas en ese año de 1685, que rezan como sigue: “Su Majestad desea que se trate con el mayor rigor a quienes no quieran convertirse a su religión; y quienes quieran merecer la gloria tonta de ser los últimos, deben ser llevados a los últimos extremos.”