El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Louvois, su hijo, también se engañaba al creer que bastaba con una orden suya para vigilar todas las fronteras y todas las costas e impedir la huida de los que consideraban la fuga como un deber. La astucia puesta en burlar la ley es siempre más fuerte que la autoridad: bastaba con sobornar a algunos guardias para favorecer a la multitud de refugiados. En el lapso de tres años salieron del reino cerca de cincuenta mil familias, seguidas más tarde por otras. Llevaron al extranjero las artes, las manufacturas, la riqueza. Casi todo el norte de Alemania, región todavía agreste y carente de industria, adquirió un nuevo aspecto con esas multitudes trasplantadas. Poblaron ciudades enteras. Los géneros, los galones, los sombreros, las medias, que antes se compraban en Francia, fueron fabricados por ellos. Un barrio entero de Londres se pobló de obreros franceses que trabajaban la seda; otros llevaron a esa ciudad el arte de la cristalería, que se perdió en Francia. Es muy común también encontrar en Alemania el oro que los refugiados llevaron consigo.[417] Así, pues, Francia perdió alrededor de quinientos mil habitantes, una enorme cantidad de metálico y, sobre todo, artes con las que se enriquecieron los enemigos. Holanda se hizo de excelentes oficiales y soldados. El príncipe de Orange y el duque de Saboya tuvieron regimientos enteros de refugiados. Esos mismos soberanos de Saboya y del Piamonte que habían cometido tantas crueldades contra los reformados de su país, asalariaban a los de Francia; y no era indudablemente por celo religioso, por lo que los alistaba el príncipe de Orange. Hubo algunos, incluso, que se establecieron en el cabo de Buena Esperanza. El sobrino del célebre Duquesne, teniente general de la marina, fundó una pequeña colonia en ese lejano confín, que no prosperó porque los que se embarcaron perecieron en su mayor parte, aunque todavía quedan restos de esa colonia vecina de los hotentotes. Los franceses han sido dispersados más lejos que los judíos.