El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Se hicieron profecías que incitaron a la rebelión. Las predicciones han sido, en todo tiempo, un medio utilizado para seducir a los simples y para exaltar a los fanáticos. Basta con que se realice, por azar, uno sólo de cien acontecimientos pronosticados por los bribones, para que los demás se olviden, y que se considere al acertado como prenda del favor de Dios y prueba del prodigio. Si alguna predicción no se cumple, se la explica, se le da un nuevo sentido; los entusiastas la adoptan y los imbéciles la creen.

El ministro Jurieu fue uno de los más ardientes profetas. Empezó por colocarse por encima de un Cotterus,[421] de no sé qué Cristina,[422] de un Justus Velsius,[423] de un Drabitius,[424] a quienes juzgaba como personas inspiradas por Dios. Luego se puso casi a la par del autor del Apocalipsis y de San Pablo; sus partidarios, o más bien sus enemigos, hicieron acuñar en Holanda una medalla con este exergo, Jurius propheta.[425] Prometió la liberación del pueblo de Dios durante ocho años. Su escuela de profecía se hallaba establecida en las montañas del Delfinado, del Vivarais y de los Cevennes, país que ni mandado hacer para las predicciones, poblado por ignorantes y por cerebros febriles, calentados por el calor del clima y más aún por sus predicadores.


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