El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Los jesuitas podían darle un confesor al rey como a casi todos los príncipes católicos. Esta prerrogativa era fruto de su orden porque al entrar en ella renuncian a las dignidades eclesiásticas. Lo que su fundador había establecido por humildad se había convertido en un principio de grandeza. Cuanto más envejecía Luis XIV, más importante se hacía el cargo de confesor. Se le dió este puesto a Le Tellier, hijo de un procurador de Vire[438] en la Baja Normandía, hombre sombrío, ardiente, inflexible, que ocultaba su violencia bajo una flema aparente; hizo todo el mal que pudo mientras desempeñó ese cargo, en el que es tan fácil inspirar lo que se quiera y perder a quien se odie: tenía que vengar injurias personales. Los jansenistas habían hecho condenar en Roma uno de sus libros sobre las ceremonias chinas. Estaba en malos términos, personalmente, con el cardenal de Noailles y no sabía contemporizar. Agitó a toda la Iglesia de Francia. En 1711 redactó epístolas y mandamientos para que los fir mara n los obispos. Les enviaba acusaciones contra el cardenal de Noailles al pie de las cuales sólo faltaba que pusieran su nombre. Semejantes maniobras, cuando se trata de asuntos profanos, se castigan; pero fueron descubiertas y no tuvieron por eso menos éxito.[439]