El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Pero hubo algunos obispos conocidos y varios eclesiásticos ignorados que persistieron en su entusiasmo por el jansenismo. Estaban convencidos de que Dios destruiría la tierra, ya que un trozo de papel, llamado bula, impreso en Italia, había sido aceptado en Francia. Con sólo que se hubieran puesto a considerar, sobre algún mapamundi, el reducido lugar que Francia e Italia ocupan en el, y lo poco que representan los obispos de provincia y los habitués de parroquia, no hubieran escrito que Dios exterminaría el mundo entero por amor de ellos; y hay que confesar que no hizo nada. Al cardenal de Fleury le cogió otra clase de locura, la de creer que esos piadosos energúmenos eran peligrosos para el Estado.
Quería congraciarse, por otra parte, con el papa Benito XIII, de la antigua casa de Orsini, viejo monje obstinado, que estaba convencido de que una bula emana de Dios mismo. Orsini y Fleury convocaron, pues, a un pequeño concilio en Embrum, para condenar a Soanen, obispo de un pueblo llamado Senez, de ochenta y un años de edad, ex sacerdote del Oratorio, jansenista mucho más obstinado que el papa.
El presidente de ese concilio era Tencin, arzobispo de Embrum, hombre empeñado más en obtener el capelo de cardenal que en sostener una bula. Había sido perseguido por simonia en el Parlamento de