El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV La religión puede todavía afilar los puñales. Hay siempre en la nación gentes que no tienen ningún trato con las personas honradas, que r_o son del siglo, inaccesibles a los progresos de la nación, y sobre las cuales la atrocidad del fanatismo conserva su imperio, como ciertas enfermedades que sólo atacan a la plebe más baja.
Los jansenistas parecieron arrastrar en su caída a los jesuitas, cuyas armas enmohecidas no tenían ya adversarios que combatir: perdieron en la corte el prestigio del que había abusado Le Tellier. Su Journal de Trévoux[452] no les ganó ni la estimación ni la amistad de los literatos. Los obispos, a los que hablan dominado, los confundieron con los demás religiosos; y éstos, que habían sido humillados por ellos los humillaron a su vez. Los parlamentos les hicieron sentir en más de una ocasión lo que pensaban de ellos al condenar algunos escritos que se hubieran podido pasar por alto. La Universidad, que comenzaba entonces a hacer buenos estudios de literatura y a impartir una excelente educación, les quitó una gran parte de la juventud; esperaron, para recuperar su ascendiente, a que el tiempo les proporcionara hombres de genio y circunstancias favorables; pero sus esperanzas se vieron defraudadas: su caída, la abolición de su orden en Francia, su destierro de España, de Portugal, de Nápoles, han demostrado cuánto se equivocó Luis XIV al poner en ellos su confianza.