El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV La superstición fué llevada tan lejos, que un consejero del Parlamento de nombre Carré, y apodado Montgeron,[449] tuvo la ocurrencia de presentarle al rey, en 1736, una colección de aquellos prodigios acompañada de toda una serie de testimonios.[450] Este hombre insensato, instrumento y víctima de insensatos, le dijo en su Memoria al rey: “es necesario dar fe a los testigos que se dejan matar por sostener su testimonio”. Si su libro se hubiese conservado y los demás hubiesen desaparecido, la posteridad creería que nuestro siglo ha sido una época de barbarie.[451]
Estas extravagancias fueron, en Francia, el postrer aliento de una secta que, al carecer del apoyo de Arnauld, Pascal y Nicole, y contar únicamente con convulsionarios, cayó en descrédito. No se volvería a oír hablar de esas querellas que deshonran a la razón y perjudican a la religión, si no aparecieran de tiempo en tiempo algunos agitadores, que buscan en las cenizas apagadas restos del fuego, con los que tratan de provocar un incendio. Aunque alguna vez lo logren, la controversia del molinismo y jansenismo no volverá a causar trastornos. Lo que ha caído en el ridículo no puede tornarse peligroso. La disputa cambiará de naturaleza. A los hombres no les faltan pretextos para hacerse daño, cuando carecen de motivos para hacérselo.