El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV La protección todopoderosa de madame de Maintenon impuso silencio al arzobispo de París y le devolvió la libertad a madame Guyon. Fue a Versalles, se introdujo en Saint-Cyr, asistió a conferencias devotas del abate de Fénelon, y comió en tiers con madame de Maintenon. La princesa de Harcourt, las duquesas de Chevreuse, de Beauvilliers y de Charot creían ya en esos misterios.
El abate de Fénelon, preceptor de los príncipes niños de Francia, era el hombre más seductor de la corte. Nacido con un corazón tierno y una imaginación dulce y brillante, nutrió su espíritu con la flor de las bellas letras. Pleno de gusto y dotes espirituales, prefería de la teología lo conmovedor y sublime a lo sombrío y espinoso. Con todo esto, tenía un no sé qué de novelesco, que le inspiró, no los desvaríos de madame Guyon, sino un gusto por la espiritualidad no muy alejado de las ideas de esta señora.
El, candor y la virtud exaltaban su imaginación de la misma manera que a otras las inflaman sus pasiones. Su pasión era la de amar a Dios por sí mismo. Vio en madame Guyon a un alma pura, presa de una pasión semejante a la suya, y se unió a ella sin escrúpulos.