El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Se quedó con algunos de ellos, entre otros con el jesuita Parennin, cuyo elogio he hecho ya, hombre célebre por sus conocimientos y por su carácter sensato, que hablaba muy bien el chino y el tártaro. Les era necesario no sólo como intérprete, sino como buen matemático. Entre nosotros es conocido, sobre todo, por las respuestas juiciosas e instructivas que sobre las ciencias de la China dió a las sabias objeciones puestas por uno de nuestros mejores filósofos. Este religioso gozó del favor del emperador Kang-hi, y conservó también el de Yung-Ch'ing. Si alguien podía salvar la religión cristiana era él. Obtuvo, con otros dos jesuitas, audiencia del príncipe hermano del emperador, que estaba encargado de examinar el fallo y de redactar un informe. Parennin refiere con candor lo que les contestó. El príncipe, que los protegía, les dijo: “Vuestros asuntos me embarazan; he leído las acusaciones dirigidas contra vosotros: vuestras querellas continuas con los demás europeos sobre los ritos de la China os han perjudicado infinitamente. ¿Qué diríais si, transportándonos a Europa nosotros, observáramos la misma conducta que observáis vosotros aquí? ¿De buena fe, la toleraríais?” Era difícil replicar a ese discurso. Sin embargo, obtuvieron que el príncipe le hablara al emperador en su favor; y cuando fueron recibidos al pie del trono, el emperador les declaró que expulsaba a todos los que se decían misioneros.