Micromegas

Micromegas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Formosante, atónita, fuera de sí, embriagada por tantas maravillas, agitada por el deseo de hacerle cien preguntas a un tiempo, le pidió primero qué edad tenía. «Veintisiete mil novecientos años y seis meses, señora. Soy de la época de la pequeña revolución del cielo que vuestros magos llaman la precesión de los equinoccios, y que se realizó en unos veintiocho mil años de los vuestros. Hay revoluciones infinitamente más largas, por lo que tenemos seres mucho más viejos que yo. Hace veintidós mil años aprendí el caldeo en uno de mis viajes. Siempre me gustó mucho la lengua caldea; pero los demás animales, mis congéneres, han renunciado a hablar en vuestros países. —¿Y eso por qué, divino pájaro? —¡Ay! Porque los hombres tienen la costumbre de comernos en lugar de charlar e instruirse con nosotros. ¡Bárbaros! No se daban cuenta de que al tener los mismos órganos que ellos, los mismos sentimientos, las mismas necesidades, los mismos deseos teníamos lo que se llama alma igual que ellos? ¿Que éramos sus hermanos y que sólo hay que asar y comer a los malvados? Hasta tal punto somos hermanos vuestros que el gran Ser, el Ser eterno y creador, al hacer un pacto con los hombres nos incluyó expresamente en el tratado. Os prohibió alimentaros con nuestra sangre y a nosotros sorber la vuestra.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker