Micromegas
Micromegas «¡Ay!, dijo la viuda, debéis interesaros por su pérdida más de lo que creéis. —Estoy realmente afligida, dijo Formosante: era padre de…» Al decir aquellas palabras se puso a llorar. «HabÃa venido sólo por él y con no pocos peligros. Por él he dejado a mi padre y a la corte más brillante del universo, he sido raptada por un rey de Egipto al que detesto. Liberada de mi raptor, he cruzado los aires para ver a quien amo, llego y me huye.» Las lágrimas y los sollozos le impidieron continuar.
Dijo entonces la madre: «Señora, cuando el rey de Egipto os retenÃa, cuando cenabais con él en una posada del camino de Basora, cuando vuestras hermosas manos le servÃan el vino de Chiraz, ¿no recordáis haber visto un mirlo que revoloteaba por el aposento?
—Realmente sÃ, me está viniendo a la memoria. No le habÃa prestado mucha atención pero al repasar mis ideas recuerdo muy bien que en el momento en que el rey de Egipto se levantó de la mesa para darme un beso el mirlo salió volando por la ventana dando un grito y no regresó.