Micromegas
Micromegas —Porque no hay que pensar en ellas, dijo el filósofo, y como tan altas señoras han sido desdichadas, no es correcto que vos os desesperéis. Pensad en Hécuba, pensad en NÃobe. —¡Ay!, dijo la dama, si hubiera yo vivido en su tiempo, o en el de tantas hermosas princesas, y si para consolarlas les hubierais contado mis desdichas, ¿creéis que os habrÃan escuchado?»
Al dÃa siguiente el filósofo perdió a su único hijo y a punto estuvo de morir de dolor. La dama mandó hacer una lista de todos los reyes que habÃan perdido a sus hijos y se la llevó al filósofo. Éste la leyó, la encontró muy completa, pero no dejó de llorar. Al cabo de tres meses volvieron a verse y quedaron maravillados por hallarse de muy buen humor. Hicieron erigir una hermosa estatua al Tiempo con esta inscripción: A QUIEN CONSUELA.