Micromegas
Micromegas Tras la comida lo llevaron a un espectáculo encantador, condenado por los druidas porque les quitaba oyentes. Dicho espectáculo era una mezcla de versos agradables, cantos deliciosos, bailes que expresaban los impulsos del alma y perspectivas que encantaban la mirada, engañándola. Aquel género de placer, que reunÃa tantos géneros, era conocido por su nombre extranjero: se llamaba ópera, que significaba antiguamente en la lengua de las siete montañas trabajo, cuidado, ocupación, industria, empresa, tarea, asunto. Aquel asunto le encantó. Sobre todo le llamó la atención una muchacha por su melodiosa voz y las gracias que la acompañaban. Aquella muchacha del asunto le fue presentada al finalizar la función por sus nuevos amigos. La obsequió con un puñado de diamantes. Quedó tan agradecida que no se separó de él el resto del dÃa. Cenó con ella y durante la comida olvidó su sobriedad, y después olvidó su juramento de ser siempre insensible a la belleza e inexorable a los tiernos arrumacos. ¡Qué ejemplo de la debilidad humana!