Micromegas
Micromegas Un faquir de Su Alteza le robó aquellas dos alhajas, se las llevó a la princesa y le dijo: «Guardad con sumo cuidado estas dos piezas, vuestro destino depende de ellas.» Marchóse al punto y nunca más lo vieron. El duque de Cachemira, decidió en último extremo acudir a la feria de Kabul, por si de entre los mercaderes que allí se daban cita procedentes de todos los rincones del mundo no habría alguno que tuviera su diamante y su arma. Llevaba consigo a su hija en todos sus viajes. Traía ésta su diamante bien oculto en el cinturón, pero el venablo, como no podía ocultarlo, lo había dejado en Cachemira bien cerrado en su gran cofre de China.
Rustán y la princesa se vieron en Kabul y se enamoraron con toda la ingenuidad de su edad y toda la ternura de su país. La princesa, en prenda de su amor, le dio su diamante y Rustán le prometió al marcharse que iría a verla en secreto a Cachemira.