El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo Y con malicia llena de intención, Loge les grita desde lo alto:
-¡Escuchad lo que os dice Wotan! Hijas del agua, ya que no os ilumina el brillo del oro, contentaos con contemplar el esplendor de la morada de los dioses.
Y del fondo de las aguas brota la melancolÃa de la queja de las ondinas:
-¡Oro del Rhin! Oro puro. ¡Oh, si aún brillases con tu esplendor en el fondo de las aguas! ¡Sólo allÃ, en la movible corriente del viejo rÃo, existe la sinceridad y la franqueza; allá arriba todo es cobardÃa y fingimiento en medio del esplendor de la morada de los dioses!
La paz cae sobre los tres dominios del mundo: las oscuras entrañas de Nibelhein, los montes y bosques de Riesenhein y el esplendor dorado de los prados divinos de los dioses. En el silencio de la noche que avanza arrebujando montes y cumbres, la lenta canción del rÃo se hace murmullo y va muriendo con la marcha de la sombra.