El circulo carmesi
El circulo carmesi —De acuerdo —dijo, con un repentino encogimiento de hombros—. Tanto da que me ahorquen por una oveja que por un cordero.
—O por un buen pico de sesenta mil que por un miserable par de cientos, ¿eh? —dijo Barnet jovialmente, mientras gesticulaba para llamar la atención del camarero.
Thalia abandonó el restaurante y se encaminó hacia su casa. TenÃa que pasar cerca del banco y pensó que no serÃa muy prudente coger un taxi hasta que hubiera abandonado el vecindario, donde los ojos severos del señor Brabazon no pudieran contemplar su despilfarro. Se habÃa introducido en la riada de peatones que se aglomeraban en Regent Street a esa hora, cuando notó un roce en el brazo y se dio la vuelta.
Un joven venÃa caminando a su lado, un apuesto muchacho de rostro vivaz, que no sonreÃa obsequiosamente como otros que le habÃan tocado el brazo al pasar por Regent Street, ni tampoco le habÃa preguntado si no llevaban el mismo camino.
—¡Thalia!
Se volvió rápidamente al oÃr su voz y, durante un instante, perdió la compostura.
—¡Señor Beardmore! —tartamudeó.
Jack habÃa enrojecido y no podÃa ocultar su nerviosismo.