El circulo carmesi
El circulo carmesi —Dios me libre de interponerme en el cumplimiento del deber de un respetable inspector de policÃa —dijo—, pero, aparte de eso, preferirÃa que el señor Parr no lo hiciera. SerÃa al menos un signo de benevolencia —sonrió—. SÃ, preferirÃa que no lo hiciera. No me importa que un policÃa me sermonee por mi bien, pues no deja de ser correcto y razonable que intenten apartar a los débiles de sus pecaminosos caminos. Pero un jefe que intentara reformar a una chica descarriada serÃa un asunto un tanto fastidioso, ¿no le parece?
Jack se rió a su pesar.
—Thalia, realmente es usted demasiado inteligente para la clase de compañÃas que frecuenta y para el género de vida a la que se está rebajando —añadió él, con sinceridad—. Sé que no tengo derecho a entrometerme, pero quizás pueda ayudarla. Especialmente —vaciló—, si ha hecho algo que la haya puesto en manos de esa gente.
Ella le tendió la mano con una extraña sonrisa.
—Adiós —dijo dulcemente, dejándolo sumido en la sensación de ser un idiota.
La joven caminó apresuradamente por Burlington Arcade hasta Picadilly, donde cogió un taxi. La manzana de casas frente a la que se apeó estaba situada en Marylebone Road, y evidenciaba una considerable mejora con respecto a Lexington Street.