El circulo carmesi
El circulo carmesi —Y ahora deberÃa haber una taza por alguna parte —dijo Yale, mirando a su alrededor—, a menos que lo trajeran en una redoma[52].
—HabÃa una ampolla de cristal en el garaje cerca de esto, señor —dijo el agente que lo habÃa encontrado—, pero está rota.
—Tráigamela inmediatamente —dijo Yale—. Sólo espero que no esté tan destrozada y que aún quede algo de su contenido.
El robusto señor Parr lo contemplaba sombrÃo.
—¿Qué significa todo esto? —preguntó, y Yale se echo a reÃr.
—Es una nueva forma de asesinar, mi querido Parr —dijo Yale, en tono desenfadado—. Entremos ahora en la habitación.
El cuerpo de Marl yacÃa en la cama cubierto por una sábana y aún no se habÃa secado la mancha de humedad redonda que habÃa en el almohadón. Las ventanas estaban abiertas y el viento hacÃa ondular las cortinas intermitentemente.
—Por supuesto, aquà no se puede oler —dijo Yale para sà mismo, y de nuevo volvió a arrodillarse para olfatear la alfombra. Y, una vez más, volvió a toser y se incorporó rápidamente.
Para entonces ya habÃan regresado con la mitad inferior de una ampolla de cristal. ContenÃa unas pocas gotas de lÃquido, y Yale se las echó en la mano.