El circulo carmesi
El circulo carmesi Tras efectuar un nuevo registro, el inspector Parr se dirigió a la comisarÃa de policÃa más cercana para entrevistarse con el señor Flush Barnet.
Flush, deprimido y cansado, no tenÃa ninguna información valiosa que ofrecer.
El botÃn de su robo estaba extendido sobre la mesa del sargento: una variopinta colección de anillos y relojes, un talonario de cheques sin el menor valor, o sin valor para Flush, al menos, y un frasco de plata. Pero lo que resultaba más sorprendente era que en los bolsillos de Flush se encontraron dos flamantes billetes de cien libras totalmente nuevos, que eran de su propiedad, según defendÃa él con exaltación.
No obstante, los ladrones, y particularmente el tipo de ladrón que era Flush, son personas con fama de imprevisoras. No trabajan mientras disponen de dinero, y con doscientas libras en el bolsillo era seguro que Flush Barnet no se habrÃa atrevido a asaltar la casa de Marisburg Place.
—Son mÃos, se lo aseguro, señor Parr —protestó—, ¿le mentirÃa yo?
—Por supuesto que lo harÃas —respondió el inspector Parr, sin entusiasmo alguno—. Si son tuyos, ¿dónde los conseguiste?
—Me los dio un amigo.