El circulo carmesi
El circulo carmesi —Disfruto de un hogar muy confortable —dijo—, tengo una criada eficiente y no me voy a morir de hambre precisamente. Todas estas cosas me resultan especialmente gratas. Ahora cuénteme algo sobre el empleo. ¿Quiere que me convierta en una mujer policÃa?
—No exactamente —sonrió—, pero necesito una secretaria, alguien en quien pueda confiar. Mi trabajo aumenta a un ritmo tremendo y no doy abasto con toda mi correspondencia. Además, me gustarÃa añadir que en mi oficina no tendrá muchas oportunidades de practicar su vicio favorito —dijo bromeando—, y, de todas formas, estoy dispuesto a correr el riesgo.
Ella reflexionó un instante, sin dejar de mirarlo fijamente.
—Si usted está dispuesto a correr el riesgo, yo también —dijo finalmente—. ¿Dónde está su oficina?
Él le dio la dirección.
—Me presentaré ante usted a las diez de la mañana. Ponga bajo llave su talonario de cheques y saque del despacho toda la calderilla que tenga.
«Una muchacha poco corriente», pensó mientras regresaba al centro de la ciudad.