El circulo carmesi
El circulo carmesi Aquella tarde, Yale llamó al apartamento de Thalia y su sirvienta lo condujo hasta una preciosa salita de estar. Un minuto después, Thalia hizo su aparición y sus bellos ojos se iluminaron con una sonrisa nada más reconocer al visitante.
—Bien, señor Yale, ¿ha venido a dedicarme unas palabritas de advertencia?
—No exactamente —rió Yale—. Estoy aquà para ofrecerle un empleo.
Ella arqueó las cejas.
—¿Busca usted una ayudante —dijo ella irónicamente—, basándose en el principio de que para coger a un ladrón hay que utilizar a otro ladrón? ¿O quizás tiene alguna noción sobre cómo enderezarme? Mucha gente quiere reformarme —dijo.
Se sentó en la silla del piano con las manos a la espalda. Yale sabÃa que se estaba burlando de él.
—¿Por qué roba, señorita Drummond?
—Porque ésa es mi inclinación natural —dijo, sin dudar un instante—. ¿Por qué deberÃa ser la cleptomanÃa[54] un privilegio exclusivo de las clases dominantes?
—¿Obtiene algún placer de ello? —inquirió—. No le pregunto por mera curiosidad, sino como estudioso de la naturaleza humana.
Ella agitó la mano como para abarcar todo el apartamento.