El circulo carmesi
El circulo carmesi Sobre el mismo borde del embarcadero, en uno de los extremos del edificio, se levantaba un almacén de piedra grande y desapacible, que aparentemente comunicaba con el resto de la casa. Durante la guerra, un ataque aéreo había derribado una esquina del muro y había provocado la caída de las pocas láminas de pizarra[58] que quedaban en el tejado, dejando al descubierto un esqueleto desnudo de vigas carcomidas.
—Qué lugar tan encantador… —dijo Yale, mientras abría la puerta—. No es la clase de escenario en el que uno se imaginaría al elegante Brabazon, ¿verdad?
La galería estaba cubierta de polvo, las telarañas colgaban del techo y la casa estaba silenciosa y desolada. Los dos hombres hicieron un rápido reconocimiento por las habitaciones, sin encontrar rastro alguno del fugitivo.
—Hay una buhardilla ahí —dijo Yale, apuntando hacia un tramo de escaleras que conducía a una trampilla abierta en el techo del piso superior.
Yale subió corriendo las escaleras, abrió la trampilla y desapareció.
Parr lo oyó recorrer el piso superior y, al cabo de un instante, volvió a bajar.
—Nada por ahí —dijo al cerrar otra vez la trampilla de golpe.