El circulo carmesi
El circulo carmesi —¡Es usted un chiflado y un idiota! Pensaba que era un detective inteligente, ¡pero es usted un demente!
El señor Froyant estaba fuera de sÃ, y el motivo de su enfado procedÃa de los fajos de billetes ordenadamente dispuestos sobre su escritorio.
La visión de una cantidad tan grande de dinero escapándose de sus manos producÃa al miserable Harvey Froyant una inconmensurable angustia y sólo apartaba la mirada de aquella acumulación de riqueza para volver a posarla en ella, casi de manera instantánea.
Derrick Yale era un hombre difÃcil de ofender.
—Quizás lo sea —dijo—, pero necesito llevar mis asuntos a mi manera, señor Froyant y, si verdaderamente pienso que la chica puede conducirme al CÃrculo CarmesÃ, como en realidad pienso, me conviene tenerla a mi servicio.
—Acuérdese bien de lo que le digo —dijo Froyant, blandiendo[59] su dedo Ãndice frente al rostro del detective—. Esa chica forma parte de la banda. ¡Descubrirá, amigo mÃo, que es ella el mensajero que vendrá a por los billetes!