El circulo carmesi
El circulo carmesi —Estoy totalmente de acuerdo —dijo Parr—, pero tengo la impresión de que ese caballero, o quienquiera que sea, no va a venir. ¿Puedo echarle un vistazo a su oficina?
Entró e inspeccionó la estancia. Estaba iluminada por una ventana. En una de las esquinas habÃa un armario, cuya puerta abrió. Salvo por un abrigo colgado, estaba vacÃo.
—Si no le importa —el inspector Parr se mostraba casi humilde—, me gustarÃa que se quedara en la otra habitación. Cerraré la puerta. Me pongo nervioso cuando me siento observado.
Yale abandonó el despacho sonriendo y Parr cerró la puerta tras él. Después abrió la segunda puerta y echo una ojeada al pasillo. A continuación, oyeron que la cerraba.
—Ya puede pasar —dijo—. Ya he visto todo lo que querÃa.
Los muebles de la habitación eran sencillos, pero confortables. HabÃa una espaciosa chimenea en la que no ardÃa ningún fuego, a pesar de que hacÃa un dÃa gélido.
—Espero que no entre por la chimenea —dijo Yale en tono humorÃstico, cuando percibió la inspección del detective—, soy uno de esos mortales de sangre caliente que jamás tienen frÃo.