El circulo carmesi
El circulo carmesi Parr se agachó y retiró del rostro del detective la toalla empapada. Éste abrió los ojos y comenzó a mirar a su alrededor.
—¿Qué sucede? —preguntó con voz entrecortada, pero el inspector no respondió porque estaba ocupado quitándole las esposas, que produjeron un ruido metálico al caer al suelo. A continuación puso en pie a Yale, mientras Jack desabrochaba con dedos temblorosos las correas que asían las piernas del detective.
Lo condujeron hasta su sillón, en donde se hundió pesadamente, mientras se pasaba la mano por la frente.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó finalmente.
—Eso me gustaría saber a mí —dijo Parr—. ¿Por dónde se fueron?
El otro sacudió la cabeza.
—No lo sé, no puedo recordarlo —contestó el otro—. ¿Está cerrada la puerta?
Jack corrió hasta la puerta. La llave estaba echada por dentro. Era imposible que hubieran salido por allí, pero la ventana estaba abierta. Era lo primero en que Parr se había fijado nada más entrar en la habitación.
Corrió hasta la ventana y se asomó. Había una caída de unos veinticinco metros, y no había signos de escaleras de mano u otros medios por los que el agresor de Yale pudiera haber escapado.