El circulo carmesi
El circulo carmesi —No sé qué sucedió —dijo Yale, una vez que se hubo recuperado parcialmente—. Estaba sentado en este sillón, cuando, de repente, sentà que un trapo se apretaba contra mi rostro, al tiempo que dos poderosas manos me agarraban con una fuerza que yo no atribuirÃa a un ser humano. Debà perder el conocimiento antes de poder luchar o gritar.
—¿Oyó mi llamada? —preguntó Parr.
El otro negó con la cabeza.
—Pero, señor Yale, nosotros oÃmos un ruido, y el señor Parr le preguntó si todo iba bien. Usted contestó que solamente habÃa tropezado.
—No era yo —replicó Yale—. No recuerdo nada desde el momento en que me pusieron el trapo en la cara hasta que ustedes me encontraron aquÃ.
El inspector Parr estaba junto a la ventana. Bajó la guillotina para después volverla a subir; luego, miró el alféizar. Cuando se dio la vuelta, una gran sonrisa iluminaba su rostro.
—Esto es lo más ingenioso que he visto nunca —dijo.
Jack volvió a sentir una parte de la vieja antipatÃa que habÃa desarrollado hacia el robusto detective.
—No creo que sea particularmente ingenioso. Casi matan a Yale y consiguen escapar.