El circulo carmesi
El circulo carmesi —No pudieron entrar por ahà —dijo el otro, sacudiendo la cabeza—. No. Éste es el misterio supremo de toda mi carrera, más asombroso aún que la identidad del CÃrculo Carmesà —se incorporó lentamente—. Tengo que informar de todo esto al viejo Froyant, y usted harÃa bien viniendo conmigo para prestarme su apoyo moral. Se va a poner furioso.
Abandonaron la oficina juntos, una vez Yale hubo cerrado las dos puertas y guardado la llave en su bolsillo.
Decir que Froyant estaba furioso serÃa emplear una expresión demasiado suave para describir su estado de cólera enardecida.
—Me dijo, me prometió, prácticamente —bramaba—, que recuperarÃa mi dinero, y ahora me viene con el cuento chino de que lo narcotizaron. ¡Es monstruoso! ¿Dónde estaba usted, Parr?
—Yo estaba en el edificio —dijo el señor Parr—, y la historia que le ha contado el señor Yale es cierta.
De repente, la cólera de Froyant se apagó, tan de repente que la suavidad de su voz resultaba casi alarmante tras su enfado anterior.
—Está bien —dijo—, nada se puede hacer. El CÃrculo Carmesà ha conseguido su dinero, y aquà acaba todo. Le estoy verdaderamente agradecido, señor Yale. Tenga la bondad de enviarme la cuenta de sus honorarios.