El circulo carmesi
El circulo carmesi Tuvo que esperar casi media hora para ver una oscura silueta que emergía furtivamente de las sombras de los árboles para volver a desaparecer de nuevo en la penumbra más densa. Volvió a vislumbrarla en el instante en que aquella figura escapó de su campo visual para introducirse en la sombra que proyectaba la casa. El inspector salió de su habitación sin hacer ruido y, tras cruzar el descansillo, bajó las escaleras. La puerta principal de la casa tenía echados varios cerrojos y pasó algún tiempo antes de que Parr pudiera abrirla. Cuando salió, en medio de la noche, no había nadie a la vista.
El inspector se deslizó sigilosamente a lo largo del sendero que corría paralelo a la casa, sin hallar intruso alguno. Se encontraba de nuevo en la entrada principal cuando escuchó el sonido de un motor que se desvanecía gradualmente: el visitante nocturno se marchaba. Parr volvió a cerrar la puerta principal, echó todos los cerrojos y regresó a su dormitorio. Aquella visita lo desconcertaba: estaba claro que aquel hombre, quienquiera que fuera, no había visto al señor Parr ni tampoco había sido consciente de que lo estaban observando. El visitante debió marcharse poco después de llegar.