El circulo carmesi
El circulo carmesi —No puedo evitarlo, caballeros —dijo, llevándose su temblorosa mano a los labios por cuarta vez—. He tenido un pequeño susto esta mañana.
—¿De qué se trata?
Sin embargo, Marl parecÃa incapaz de explicarse. Sólo podÃa sacudir la cabeza con impotencia.
—No estoy en condiciones de discutir las cosas con calma —dijo—. Tendrán que posponer el asunto hasta mañana.
—¿Piensa que he venido hasta aquà hoy para escuchar esa clase de tonterÃas? —gruñó el señor Froyant—. Le diré una cosa: quiero dejar este asunto resuelto, al igual que usted, Beardmore.
—Me parece que no es tan urgente —dijo—. Si el señor Marl está indispuesto, no veo razón para importunarlo. ¿Pasará aquà la noche, Marl?
—No, no, no —la voz del hombre pareció casi un grito—. No, no me quedaré aquÃ, si no le importa…, preferirÃa no hacerlo, ciertamente.
—Como quiera —dijo Beardmore, con indiferencia, y guardó los papeles que habÃa preparado para firmar.