El circulo carmesi
El circulo carmesi —No puedo entender por qué ese hombre no ha regresado esta mañana —dijo Jim Beardmore con el ceño fruncido.
—¿Qué hombre? —preguntó Jack, distraÃdo.
—Hablo de Marl —dijo su padre.
—¿Era aquel corpulento caballero que vi ayer? —preguntó Derrick Yale.
Estaban en la terraza de la casa, desde donde, gracias a su elevada posición, tenÃan una amplia vista de la propiedad.
El tren de la mañana habÃa llegado y se habÃa vuelto a marchar: desde allà se veÃa el rastro de humo blanco que dejaba mientras desaparecÃa entre las colinas a unas nueve millas de distancia.
—SÃ, serÃa mejor telefonear a Froyant para decirle que no venga.
Jim Beardmore acarició su achatado mentón.
—Marl me desconcierta —dijo—. Creo que es un individuo brillante, sé que es un ladrón rehabilitado… Al menos, espero que se haya reformado. ¿Qué le afectó ayer, Jack? Entró en la biblioteca lÃvido como la propia muerte.
—No tengo la más mÃnima idea —respondió Jack—. Yo creo que tiene un corazón débil, o alguna cosa de ese tipo. Me contó que le dan esos espasmos[21] de vez en cuando.